‘Cuento de navidad’ de Ray Bradbury (Cuento completo) | Breve reseña
La Navidad para algunos es una celebración religiosa, otros lo ven como un mes donde hay unión, comida y regalos. Aunque puede ser un mes interesante y de cambios-
Hoy traigo un poco de literatura y te presento un pequeño relato del escritor norteamericano Ray Bradbury, nacido en Waukegan, Illinois, el 22 de Agosto de 1920 y fallecido en Los Ángeles, California, el 5 de Junio de 2012.
Bradbury aprendió a leer a los 3 años porque quería leer comics. En 1938 se graduó de Los Ángeles High School, no fue a la universidad por asuntos económicos. Así que se formó como autodidacta, puesto que leía mucho. Sobrevivió vendiendo periódicos hasta 1943.
Luego, se dedicó a
escribir tiempo completo hasta publicar en 1950 “Crónicas marcianas”, lo que le
acarreó un ascenso a la fama literaria.
Bradbury como escritor y guionista norteamericano fue uno de los más célebres entre el siglo XX y XXI. Sus relatos de misterio del género fantástico, horror y ciencia ficción aún siguen siendo relevantes para la literatura por el valor de sus ideas.
Amaba las bibliotecas y
las librerías. Escribió “Farenheit 451” porque le sorprendió el incendio de la
biblioteca de Alejandría, pero aún más el hecho de libros quemados por Hitler
en Berlín, al igual el asesinado seres humanos en esa gran sociedad represión,
de control y de censura, así como la quema de de libros –de manera más
discreta— en Rusia.
Datos curiosos
- Bradbury murió a los 91 años y pidió que en su
lápida funeraria, en el Cementerio de Westwood Village, Memorial Park, llevara
el siguiente epitafio: Autor de Fahrenheit 451.
- Existe un asteroide llamado (97669 de Bradbury.
- La tripulación del Apolo 15 llamó a un cráter de la Luna
“Dandelion”, por su obra Dandelion Wine (traducita en españolo como El vino del
estío).
-
Durante más de 70 años escribía todos los días al
menos 1000 palabras.
Cibergrafía
-
http://letrasymaullidos.blogspot.com/2013/12/cuento-de-navidad-ray-bradbury.html
Cuento de navidad
por Ray Bradbury
El día siguiente sería Navidad y,
mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la
madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el
espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable
posible. Cuando en la aduana los obligaron a dejar el regalo porque excedía el
peso máximo por pocas onzas, al igual que el arbolito con sus hermosas velas
blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa
fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando estos llegaron,
murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.
-¿Qué haremos?
-Nada, ¿qué podemos hacer?
-¡Al niño le hacía tanta ilusión el
árbol!
La sirena aulló, y los pasajeros
fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en
entrar. El niño iba entre ellos, pálido y silencioso.
-Ya se me ocurrirá algo -dijo el
padre.
-¿Qué...? -preguntó el niño.
El cohete despegó y se lanzó hacia
arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un
24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde
no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del
primer "día". Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes
neoyorquinos, el niño despertó y dijo:
-Quiero mirar por el ojo de buey.
-Todavía no -dijo el padre-. Más
tarde.
-Quiero ver dónde estamos y a dónde
vamos.
-Espera un poco -dijo el padre.
El padre había estado despierto,
volviéndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los
regalos y en el árbol con sus velas blancas que había tenido que dejar en la
aduana. Al fin creyó haber encontrado una idea que, si daba resultado, haría
que el viaje fuera feliz y maravilloso.
-Hijo mío -dijo-, dentro de medía
hora será Navidad.
-Oh -dijo la madre, consternada;
había esperado que de algún modo el niño lo olvidaría. El rostro del pequeño se
iluminó; le temblaron los labios.
-Sí, ya lo sé. ¿Tendré un regalo?
¿Tendré un árbol? Me lo prometieron.
-Sí, sí. Todo eso y mucho más -dijo
el padre.
-Pero... -Empezó a decir la madre.
-Sí -dijo el padre-. Sí, de veras.
Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo pronto.
Los dejó solos unos veinte minutos.
Cuando regresó, sonreía.
-Ya es casi la hora.
-¿Me prestas tu reloj? -preguntó el
niño.
El padre le prestó su reloj. El niño
lo sostuvo entre los dedos mientras el resto de la hora se extinguía en el
fuego, el silencio y el imperceptible movimiento del cohete.
-¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde
está mi regalo?
-Ven, vamos a verlo -dijo el padre, y
tomó al niño de la mano.
Salieron de la cabina, cruzaron el
pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.
-No entiendo.
-Ya lo entenderás -dijo el padre-.
Hemos llegado.
Se detuvieron frente a una puerta
cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando
un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo
de voces.
-Entra, hijo.
-Está oscuro.
-No tengas miedo, te llevaré de la
mano. Entra, mamá.
Entraron en el cuarto y la puerta se
cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso
ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de
ancho, por la cual podían ver el espacio. El niño se quedó sin aliento,
maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y
entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.
-Feliz Navidad, hijo -dijo el padre.
Resonaron los viejos y familiares
villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio
del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la
noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de
maravillosas velas blancas.
Interpretación por CuriosaMente: Literatura y Filosofía
Este relato escrito de una manera simple, de tinte
futurista y de viaje hacia Marte, remarca el ingenio de un padre por darle un
amplia perspectiva a su hijo: la de ver las estrellas que adornan nuestro
universo.
¿Cómo pasar Navidad fuera de casa?, podría ser una pregunta para plantearse. O bien, ¿cómo pasar un tiempo especial fuera del lugar en el que nos sentimos en casa? Las estrellas podrían dar alguna dirección al niño, como a los navegantes les ayudaba las
estrellas y las constelaciones del espacio. La ubicación de los astros en la bóveda celeste
demarca el camino hacia otros horizontes, a otras fronteras. Al dirigir la
mirada al cielo que ya ellos habitaban, era necesario volver a contar con la
guía de la majestuosidad de los astros celestes. Para el individuo es difícil pensarse sin estar en relación con las cosas del universo que le rodea.
El niño ya no tendría que valorar el
regalo material (el árbol de Navidad o el reloj que su padre le prestó) que dejó en la tierra, sino que el regalo era la
nueva perspectiva de haber salido de la tierra para explorar el universo. Ahora
el niño era un cosmonauta y podría explorar el insondable universo.
Mira el Canal de Youtube CuriosaMente aquí:
Subscríbete al canal aquí: https://www.youtube.com/c/JohannesCam... Sígueme en: ◾FACEBOOK : https://www.facebook.com/letheoaletheia/ ◾INSTAGRAM : https://www.instagram.com/curiosament... ◾TWITTER: https://twitter.com/JohannesC ◾BLOGSPOT: https://johannescamillus.blogspot.com...


Comentarios
Publicar un comentario