Llamado a la acción y no a la espera
Creo que algunos de mis amigos se habrán dado cuenta de que estoy compartiendo contenido literario y filosófico en Redes Sociales; pero más allá de querer ser reconocido por un público que le pueda gustar mi contenido, está mi deseo de compartir lo que sé con otros. Llegas a cierta edad y no has logrado mucho en tu camino, ¿entonces qué hacer? Hacer lo que me gusta es la única posibilidad. Creo que lo que me apasiona puede inspirar a los demás y que las historias que relato puedan generar interés en posibles lectores.
Estar publicando en Youtube, que se hace llamar un medio democrático, me llama mucho la atención, porque no estoy esperando que nadie me dé ninguna oportunidad, sino que yo mismo voy abriéndome camino, creando, investigando, compartiendo mi voz que también puede resonar en la realidad.
Sé que el reconocimiento público no puede lograrse si uno mismo no se ha dado su lugar. Tengo la convicción de que no son las grandes compañías las que te certifican como un individuo digno de habitar la realidad, de participar con otros en medios que te agradan, sino uno mismo es el que tiene que hacerse valer por lo que es. Siento que en cierto punto esto puede sonar desesperado o hasta imponente, pero mi sueño nunca ha sido ser empleado de una compañía que extrae tu tiempo por un salario (hablando de una fábrica o de aquellos que tienen pensamiento mercantil). A nadie le cae mal el dinero, sea en poca manera o en gran manera, puesto que este es sino el resultado de nuestro esfuerzo.
¿Pero vivir es trabajar para el sueño de los demás?
Bueno, al fin y al cabo, creo ser soñador como cualquier individuo y, tal vez, de ilusión en ilusión pueda vivir una vida que se sienta digna de ser vivida, de ser relatada. Por eso, la literatura y la filosofía son una manera de extender mi voz en la realidad, plena de tantas posibilidades y en las que yo también hago parte.
Si no me extienden la invitación para hacer parte del común denominador de los individuos...
¡Nada de eso! Nadie nos tiene que invitar al baile de la realidad en la que ya participamos.


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