¿PERO VALE LA PENA OLVIDAR? TIEMPO E ILUSIÓN
Creo que soy como cualquier individuo: el espectro de las emociones humanas, todas ellas, están en mí. Y sin excluir ninguna emoción, como pueden hacerlo algunos seres humanos que se autoproclaman como los portadores de la verdad, de una fe única y exclusiva... ¿Dirás que mis emociones son muy equilibradas o que soy muy emocional? En fin. Hay circunstancias que he vivido y me han enseñado en gran manera, por ejemplo, que algunos hacen y otros observan; que unos dirigen y otros mandan. ¿Pero si eres el que hace y observa y, en esa misma manera, no te interesa en específico ninguna de las opciones que te dan?
Yo hace mucho tiempo me di cuenta de que lo me apasiona es hacer, es crear, es transformar con mis manos, es llevar lo mental a lo factual, es conducir lo que está en mi pensamiento y ponerlo en una hoja de papel.
Hace años conocí a una persona socialmente importante de Medellín, mi ciudad, quien necesitaba que yo le hiciera unos trabajos de la universidad: ella tenía que entregar con urgencia sus informes escritos. Yo requería dinero (o bien, un empleo) y debía enviarle finalizados los documentos que eran parte de su pensum en la UNAM. Los entregamos. La señora me pagó y yo recibí el dinero que había solicitado.
Puede ser tonto lo que voy a decir, pero en ese tiempo (2010-2011) los Blackberry eran los celulares más populares y más costosos (en mi tiempo le decíamos "bebé" - BB- a un Blackberry). Con el dinero que me pagaron me compré el tan anhelado aparato. ¿Cómo se puede sentir un muchacho de 20 años que no le tiene que rogar a sus papás para que le compren algo? Al fin y al cabo ellos tampoco se iban a quitar el alimento de la boca por darme un lujo. Yo había entonces alcanzado temporalmente el suelo de la "independencia".
Estuve con esta 'curadora de arte' trabajando un tiempo y pude comprar algunas cosas que deseaba, porque era un joven como cualquiera, anhelando tener cosas sin pedírselas a nadie. El mérito era mío. Alguna cuestión no expresada tuvo que ocurrir, porque dejé de trabajar con esta señora. Pasaron algunos años. Recuerdo algunas de sus mágicas sentencias: "Juanito, conmigo tendrás una vida muy bella". ¿Quién a sus veinte años no compra una frase tan magnífica en la que yo me veía como protagonista?
En mi ir y venir por Internet, me encontré un título que se me hacía muy conocido: era uno de esos informes de lectura que había escrito para ella. Mi decepción fue enorme, pero más mi rabia e impotencia. Ella no había tenido la diligencia de comunicarme que iba a publicar algo en un periódico de mi Ciudad. Abrí la página de Internet de El Colombiano y vi: "Sobre Exergo: "De la gramatología" de Jacques Derrrida".
Ninguna línea había sido cambiada. Lo veía tal y cual lo había enviado. Yo era ese joven con grandes sueños de publicar y veía que mi escrito aparecía en un periódico local con el nombre de otro autor...¡Qué ira! Mi sueño se hacía realidad pero otra persona se llevaba el crédito. De verdad que con esto llegaba a la idea de que robar es la alternativa de personas que se mueven en ciertos círculos sociales y es su manera más hábil de subsistir.
La ilusión había sido breve.
Un estudiante de una universidad pública sin un nombre, un apellido o una carrera de prestigio ¿a quién le iba a importar?
Y así siguen mis deseos de sacar estas historias de mi cabeza y de la hondura de mi piel.
Una humana, una curadora de arte que reconoce el valor del hacer del otro, del trabajo de artistas nacionales y extranjeros, no tuvo la diligencia de notificarme de que mi informe de lectura (no era más que un informe, es decir, mis ideas organizadas sobre lo que había leído sobre Derrida) sería publicado en un periódico local.
Algunos dicen que me cuesta olvidar. Es completamente cierto.
¿Pero vale la pena olvidar?




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