Fahrenheit 451 de Ray Bradbury | Importancia de los libros y la lectura | Reseña




El analfabetismo en el mundo es enorme y, aunque pocos lo crean, genera pobreza y sociedades poco sostenibles. Además de falta de autoestima y falta de empoderamiento…conlleva marginalización de una población que no le interesa formarse. La UNESCO sostiene, en 2015, que son 175 millones de niños, aunque más niñas, que no saben ni leer una oración.

Veamos la novela como un recorrido en el que iremos conociendo a los personajes de la novela:

Primera etapa:

1.       Guy Montag

2.       Clarisse McClellan

3.       Mildred

4.       Una mujer sin nombre

Segunda etapa:

5.       Faber y sus enseñanzas

6.       La TV y los medios de comunicación

7.       La muerte colectiva

 

1.       Guy Montag

Fahrenheit 451 es una novela breve, escrita por Ray Bradbury y publicada en 1953. En ella se recrea una realidad futurista, una sociedad de control en la que los libros están prohibidos por ley. El protagonista de la historia es Guy Montag, un hombre de 30 años, bombero, cuya labor –como la de todos los de su clase— es ocasionar incendios en vez de apagarlos. En este mundo prima la ignorancia, los hombres no conocen la naturaleza, ni la hierba ni las flores, nadie mira nada mira con detenimiento. Es la era del tejido desechable, como los pañuelos, en la que las relaciones humanas se usan y se tiran a la basura. No hay tiempo para nadie.

Montag lleva un uniforme, que huele siempre a queroseno, con el símbolo de la salamandra y el número 451 en su manga, y un disco con un fénix en el pecho. Su sonrisa es feroz como la de los hombres que han sido quemados y “obligados a retroceder por las llamas” (15). Sin embargo él se siente inconforme con su empleo y con su vida amorosa.  Se dice que la profesión de los bomberos comenzó en la Guerra Civil Americana, pero otros sostienen que fue antes.

2.       Clarisse McClellan

Pero un día yendo hacia el trabajo, le cautiva la belleza de una joven de “17 años y loca”, Clarisse McClellan: observadora, de ojos negros que están muy fijos en el mundo. Ella es muy blanca, risueña y espontánea, sabe mucho, pues dispone de tiempo para sus pensamientos. Él le inspira confianza, la mira cuando le habla, no le agrede ni se va. Atrapado por la belleza y el comportamiento de Clarisse, Montag recibe una pregunta que lo toca en lo hondo de su espíritu: “¿Es usted feliz?” (22).

La jovencita sigue en su memoria como un reloj de pared que dice la hora, que sabe todo sobre la noche y el día. Es ella un espejo para Montag. Clarisse le había quitado una máscara a Montag y le había hecho preguntarse a sí mismo, dudar de su cómoda realidad. Ella es curiosa y bastante atípica, pues quiere saber por qué se hacen las cosas.  Pero las personas no suelen hacer esas preguntas y en esta realidad distópica (¿tal vez en la nuestra también?) esta actitud es muy peligrosa, pues “Uno se pregunta el porqué de una serie de cosas y termina sintiéndose muy desdichado” (73). Ella había sido la persona que miraría atentamente al rostro a Montag.

Clarisse incluso ama la naturaleza y camina bajo la lluvia. Tiene que ir al psiquiatra pues es insociable, no se adapta y pregunta mucho, es una “cebolla muy original”, le dice el médico. Él quiere saber qué la motiva a salir a pasear, “por qué camino por el bosque, observo los pájaros y colecciono mariposas” (35). Ha sido excluida de sus compañeros de clase y le da miedo de los jóvenes de su generación, pues ya seis de sus compañeros habían muerto por armas de fuego. Ella ve que a la gente no le importa su vida ni la de nadie, pues no tiene sentido de responsabilidad.

3.       Mildred

Al regresar a su oscura y silenciosa casa, Montag encontraría el cuerpo frío de su esposa Mildred quien se había tomado un frasco de calmantes. Unos operarios especializados la sacaron de ese estado, limpiaron su cuerpo y la dejaron como nueva para el día siguiente. El mundo de Montag se había derrumbado y vuelto a construir en una hora.

Mildred quiere otro televisor en la sala de estar para hablar con sus familiares y permanecer en la casa todo el tiempo, tratando de resolver su intranquilidad e insomnio desde allí. Fuma bastante y no hace nada por sí misma más allá de quemarse el cabello está con productos químicos y hacer dietas que la adelgazaban demasiado como una mantis religiosa. Ella no se interesa por Montag, no quiere entender qué pasa realmente con él.

4.       Una mujer sin nombre

Los bomberos eran quienes imponían orden con queroseno, destruían lo prohibido, es decir, bibliotecas con obras de Dante, Swift y Marco Aurelio, revistas, conocimiento. Montag ya había entrado en una profunda crisis, sabía que vivía con esa extraña que no recordaba cuando la había conocido y veía que su empleo carecía de total sentido. No era feliz. Una vez quemaron la biblioteca de una casa con una mujer sin nombre y ella se había resistido a irse. Por un momento Montag, al quemar los libros, vio que uno de ellos descendía sobre él y pudo leer: “El tiempo se ha dormido a la luz del atardecer”, estas palabras se grabarían en su mente. Pensaba que si Mildred muriera, tal vez sería incapaz de llorar por esa desconocida. Quedó enfurecido, congestionado, sudoroso y con un gran secreto.

Por consiguiente la mujer que se sacrifica por su biblioteca le da a entender a Montag que ninguna persona se inmola por algo insignificante. La sospecha se instala en él y contamina todo su ser: “Quizá algún hombre –prosiguió Montag— necesitó toda una vida para reunir varios de sus pensamientos  mientras contemplaba el mundo y la existencia” (64) y él había destruido todo en un minuto. Este particular extermino desencadenaría una serie de acciones que pondría en jaque todos los valores previos de Montag.

5.       Beatty

Montag siente que no hace parte de esa realidad y no regresa a su trabajo. De manera que Beatty, su jefe, lo visita en su casa y le cuenta que los libros fueron desapareciendo porque la cultura era ya innecesaria. La velocidad en la que vive el hombre había devorado lo inútil y lo hace perder el tiempo, los años en la universidad eran reducidos, “la disciplina se relaja y el lenguaje se descuida” (68-69), por lo cual la gente se expresa peor y se usa el lenguaje para comunicar lo inmediato. Tener un empleo y la búsqueda del placer es lo único que cuenta.

No hay tiempo para pensar, pues la vida es una gran carrera y se va aceleradamente, atropelladamente. Beatty quiere más deportes para todos, más espíritu de grupo, diversión y no pensar por supuesto. Todos tienen que ser iguales, pues la diferencia es la negación de su ideal, “todo hombre debe ser la imagen de otro” (71), dice. La palabra “intelectual” es entonces un insulto y como un libro es un arma peligrosa que violenta la vida, los bomberos deben quitársela al hombre para dominar su mente.

En otras palabras los bomberos –los devoradores llameantes— cuidan de la tranquilidad del espíritu de la gente y de que nadie se altere o revele, incluyendo las minorías. Son los guardianes de la felicidad, los payasos del pueblo, los cuidadores de teorías y de pensamientos contradictorios: la melancolía y la filosofía no ahogarían al mundo bajo su amparo. Ser feliz y divertirse es un deber ser y esta civilización lo facilita: se vive para el placer. ¿Qué hay entonces que quemar? Lo que incomoda: los libros y aquellos que los salvaguardan. El acto de quemar implica olvidar, purificar  y eliminar en el brillante y limpio fuego. Así pues es fundamental no hablar con otros, pues este hablar invita a pensar y pensar significa que alguien tiene tiempo libre y no está trabajando.

Beatty, sobre todo, había ido a aleccionar a Montag por la denuncia de Mildred, quien le había dicho que este poseía algunos objetos del mal: los libros. La visión de la existencia de Mildred era limitada: veía que los libros no eran gente como la de los televisores de su casa. Montag intuye que los libros lo iluminarán y lo sacarán de la ignorancia en la que vive, haciéndole ver las diferentes realidades que se ha negado.

6.       Faber y sus enseñanzas

Montag conoce a un hombre de cultura,  un anciano blancuzco, solitario y librero. Faber le dice a Montag que él anda sin embargo buscando algo más allá de los libros y lo puede encontrar en la naturaleza: “Los libros solo eran un receptáculo donde almacenábamos una serie de cosas que temíamos olvidar. No hay nada mágico en ellos. La magia únicamente está en lo que dicen los libros, en cómo unían los diversos aspectos del universo hasta formar un conjunto para nosotros” (97). Este hombre le enseñará 3 cosas que los libros pueden lograr:

1.       Si hay calidad (o textura) de la información: esta puede ser porosa, con rasgos significativos. Los buenos escritores se adentran en la vida, y los libros son odiados y temidos porque muestran lo más hondo de la existencia. Faber dice que la gente cómoda quiere una luna sin cráteres, sin accidentes, plana.

2.       Si hay tiempo de ocio para asimilar lo aprendido. Aunque la TV  nos dice qué es real y qué se debe pensar. En cambio los libros pueden ser combatidos con argumentos.

3.       Si se actúa de acuerdo con lo aprendido y hay una interacción de las dos anteriores.

Es más, la gente ha dejado de leer por iniciativa propia y los incendios refuerzan en la gente la idea de mantener disciplinados: lejos de los libros. Ya pocos quieren revelarse, pero alguien puede hacer algo. El equilibrio en la realidad prevalece, sostiene la narración, en que si no creas, destruyes.  Pero Montag quiere tener iniciativa propia, actuar en el mundo y no ser un autómata incendiario.

 

7.       La televisión o los medios de comunicación

Montag estaba furioso e intranquilo y Beatty lo había atrapado en su casa. Algo ocurría en su interior, hacía una cosa y sentía otra. Su desacuerdo con la realidad lo llevaría a exterminar a Beatty: “Más tarde, al recapacitar sobre ese momento, Montag nunca supo si fueron las manos o la reacción de Beatty ante ellas lo que impulsó definitivamente al crimen” (134). Se convertiría en un enemigo público, en un fugitivo que iba ocultándose, protegiéndose.

Aunque pareciera algo remoto y que le ocurriera solo a los demás, la guerra se había desatado en la ciudad. Un gran espectáculo televisivo, bien montado escena tras escena,  se transmitía en vivo para todos; pero era algo remoto y ajeno a Montag: “Era un espectáculo distinto, casi hermoso, que producía un extraño placer” (149). Él veía su imagen en las pantallas y representaba al héroe de un drama colectivo. Veía movimiento tras movimiento su partida de ajedrez: Montag era el objetivo.

Montag se escapó de los helicópteros, del perro mecánico y de los 20 millones de personas que jugaron contra él; dejó atrás la ciudad y los actores del gran espectáculo. En el río encontraba su propio equilibrio.

Montag comprendió que el sol lo quemaba todo: el tiempo, los años, la gente y todo ardía según el ciclo propio de cada cosa en la tierra. Por falta de apoyo de la ciudad, había encontrado el esplendor de la naturaleza y a algunos hombres que recibían el beneficio del fuego sin lastimar y sin ser lastimados.

Él era como un animal del bosque, se sentía con aquellos hombres diferente, absurdo y agradable. Con estos cinco viejos hombres no había ningún tema prohibido, cada uno había aprendido de memoria un libro y no dejar que ese conocimiento se perdiera en el olvido.

Pero en el afán de encontrar a un culpable, la ciudad no había buscado meticulosamente a Montag. El espectáculo entonces debía terminar: una cámara muestra con suspenso el brusco final de ese enemigo público.

 

8.       La muerte colectiva

Granger, el líder de los cinco, habla de su abuelo quien decía que al morir debía dejarse algo tras de sí: “Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos que se ha hecho uno mismo. O un jardín plantado” (171). Asimismo tenía la esperanza de que las ciudades se abrieran a dejar que entrara más el campo, la naturaleza haría recordar que todos pertenecían a la Tierra.

Un solo gesto derribó a la ciudad y devoró a todos los que aún permanecían en ella. Ellos querían aferrarse a ese mundo a ese nuevo renacer y que hiciera parte de su realidad.

En resumen, una gran deficiencia en el hombre –pariente del Fénix— es que reviva de sus cenizas y olvide las estupideces cometidas. Sin embargo, Bradbury sostiene la experiencia de los hombres presentes que se cultivan así mismo y no van destruyendo todo a su paso, puede ayudar a quienes permanecen en la ignorancia.

Los libros ofrecen pues esa posibilidad de comunicar la memoria de los que no están, a los vivos. Recordar implica vencer, rememorar la experiencia y el dolor causado a otros. La meta es enterrar, de una vez por todas, la guerra y para ello hay que ocupar adecuadamente el tiempo de nuestra vida. Sin embargo el hombre necesita entender que no es importante y, como dice Borges, ni polvo somos.

 

7.       Conclusiones

Los individuos de la novela viven en un letargo, en un anestesiamiento colectivo, donde la vida parece ya estar trazada y delimitada.

Los libros enseñan lo tontos que somos y que cada uno puede intentar su acción salvadora, sea cual sea.

La novela revela alguna esperanza: “algún día dejaremos de levantar esas malditas piras funerarias y de arrojarnos a ellas. En cada generación, habrá más gente que recuerde” (178).


Bradbury, Ray (2020). Fahrenheit 451. Penguin Random House Grupo Editorial, Colombia.




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